The Dream is Over, The Insect is Awake

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The Dream Is Over, The Insect Is Awake


En dos salas ennegrecidas y forradas con espejos de aberrantes reflexiones es donde SANGREE, agrupación conformada por los artistas René Godínez Pozas y Carlos Lara, establece las reglas del juego: ojos que persiguen insectos, insectos que persiguen la luz y se confunden en vórtices ilógicos. La muestra reúne de forma diáfana algunas de las exploraciones que han enmarcado a la dupla originada en 2009. Por un lado está su firme insistencia en la conservación de la cultura de masas a manera de vestigios posmodernos, objetos preciosos encargados de custodiar el consumo absurdo impuesto por el yugo de la contemporaneidad. Del otro lado, está su interés por la materialidad, por volúmenes que evocan peso, corporalidad (piedras falsas, labradas, en bruto o en digital, monolitos de papel, fragmentos de monolitos, vasijas o sky dancers publicitarios). Ambas miradas devienen recursos que liberan cierto cinismo, a la vez que encierran algo desconocido, casi de culto, en su interior. En un guiño específico a las piedras, Roger Caillois declaró en 1966 que «El hombre les envidia la duración, la dureza, la intransigencia y el brillo, que sean lisas e impenetrables, y enteras aun quebradas».[1]


Las obras que encabezan The Dream Is Over, The Insect Is Awake [El sueño terminó, el insecto ha despertado], comenzaron su materialización en el estudio de los artistas en 2019, al término de su residencia en República Checa: se trata de tres anatomías libidinales que dialogan con miradas fluorescentes de apariencias caricaturescas; del desdoblamiento de las líneas que parten de su propio archivo de dibujo –en constante crecimiento– hacia la tridimensionalidad, para luego convertirse en ejes lumínicos absorbidos y reabsorbidos por las superficies reflejantes cóncavas y convexas, en un ciclo ad infinitum.


Las esculturas, realizadas en obsidiana, remiten a insectos, a organismos inertes de hechuras sugestivas. El impulso inevitable es el contacto, la súbita urgencia por corroborar la superficie pulida a la perfección por el maestro Trinidad Zagal, reconocido lapidario guerrerense que reside en Cuernavaca, Morelos. Los neones, desde sus luminosas trincheras, reflejan viñetas expectantes en los cristales volcánicos; los mineraloides, tanto duros como quebradizos, absorben y refractan desde su aparente inmovilidad a las fosforescencias. Una vez más, nos engulle otra sentencia de Caillois: «La obsidiana es negra, transparente y mate. Con ella se hacen espejos que reflejan la sombra más que la imagen de los seres y las cosas».[2]


Entonces nos descubrimos atentos y partícipes de esta fantasmagoría de intersecciones espectrales. Estas lúdicas y afiladas maniobras ambientales comprometen la percepción espacio-temporal, al proponer escenarios distópicos transitables, otros ejemplos pueden verse en los trabajos anteriores Piedra temporal (2016), o Dark Killer Dance Night (2011) –un video slasher que únicamente puede exhibirse los viernes 13, y consta de una la proyección a 5 canales, estrobos, máquinas de humo y un set musical en vivo.


La relación insecto-humano, enunciada en el título de la exposición, cuestiona qué tan distantes estamos, en realidad, de la otredad orgánica o inorgánica, de concebirnos unidades ecológicas, como propuso Lynn Margulis en 1998. Incluso arrastra una síntesis cronológica de relatos ficcionales que van desde el taoísta Chuang Tse del siglo IV a.C., a Franz Kafka del siglo XX (junto a David Cronenberg, con su célebre filme de La mosca, estrenado en 1986).

Es quizás bajo el refugio de la ironía,3 que SANGREE logra una suerte de distanciamiento emocional y por ende, un acercamiento objetivo hacia los distintos temas que la humanidad ha decidido ignorar una y otra vez. Al filósofo Chuang Tse se le ha vinculado con la escuela cínica de la antigua Grecia por ser coetáneos y por su afinidad conceptual, cruce donde se dispara una correspondencia inesperada: los integrantes de esta doctrina griega, a partir de una actitud satírica y excéntrica, incitaban al alboroto de toda sepultura y promulgaban que la felicidad equivalía a estar en un estado armonioso con la naturaleza (el kynismo alude desde su raíz etimológica a la figura del perro, por su insolente y sencilla forma de vivir). En este nudo es posible atestiguar que «el cinismo espera agazapado a que pase esta ola de charlatanería y las cosas inicien su curso. Nuestra modernidad, carente de impulso, sabe, efectivamente, ‘pensar de manera histórica’, pero hace tiempo que duda de vivir en una historia coherente. […] Una cultura neopagana que no cree en una vida después de la muerte tiene consiguientemente que buscarla antes de ésta».4 ¿No es que los perros son portadores de una multitud de insectos? ¿No es que existen piedras que se asemejan a hombres? ¿Será que la sombra de la humanidad aparece? ¿Por qué es tan difícil reconocernos holobiontes que sólo persiguen destellos de luz?


Elizabeth Calzado, abril de 2021


[1] Roger Caillois, Piedras, trad. Daniel Gutiérrez Martínez (España: Siruela, 2011), p. 29.

[2] Ibíd., p. 39.

3 Peter Sloterdijk, Crítica de la razón cínica, trad. Miguel Ángel Vega (España: Siruela, 2003), p. 22.

4 Ibíd., pp. 15-16.



Lustre vítreo y fagocitosis espacial

A punto de concluir su transformación en un díptero gigante, cubierto de póstulas y protuberancias, hinchado e irreconocible, Jeff Goldblum voltea hacia arriba y ve la luz de la Luna que se filtra a través de un tragaluz. En su último momento de lucidez, tiene una epifanía. “I was an insect that dreamt he was a human. But now the dream is over, and the insect is awake.”


La esfinge ocelada (Smerinthus Ocellata) es una especie de polilla que al sentirse amenazada, despliega sus alas, en cuyo dorso, dos círculos azules se abren como dos ojos enormes, capaces de ahuyentar al depredador.


A manera de introducción, Jaques Lacan narra una anécdota. Se encontraba a bordo de un barco, apoyado contra una baranda. Un pescador, al que llama El Pequeño Juan, dirige su atención hacia un destello que parece flotar sobre las olas. Se trata de una lata reflejando los rayos del sol. “¿Ves esa lata? ¿La ves? ¡ella no te ve!” Lo piensa un momento. “El pequeño episodio le parecía muy gracioso. A mí no tanto” Sigue y seguirá pensando en esa lata durante los siguientes treinta años. “Pese a todo ella me mira. Me mira a nivel del punto luminoso, donde está todo lo que me mira, y esto no es una metáfora.” Cuando pensamos en un diagrama óptico, solemos imaginarnos a nosotros mismos, más específicamente a nuestros ojos, como un punto focal desde el cual observamos el exterior. El pescador y Lacan nos proponen algo distinto. La lata nos observa, reflejando la luz del sol, y como toda la luz, “se propaga en línea recta, sin duda, pero se refracta, se difunde, inunda, llena.” La lata nos observa, así como la totalidad del espacio a nuestro alrededor también nos observa. Lacan se percibe a sí mismo y a sus ojos no como el lugar donde la imagen converge, sino como otra imagen en el mundo, siendo observada, atrapada, capturada en el campo de la visión. “Lo que es luz me mira.”

La abejilla del álamo (Sesia apiformis) es una especie de mariposa que aleja a sus depredadores mediante el aspecto de su tórax, que imita al de una avispa.


En uno de sus ensayos más controversiales–“El estadio del espejo como formador de la función del yo”–Lacan retoma el tema de la mirada externa. O más bien, el de la mirada que sale al mundo y ya externalizada, regresa para observarnos. Argumenta que en un momento clave de su desarrollo, el infante, aun lactante, sin poder si quiera sostenerse sobre sus piernas, se encuentra con su reflejo. Se trata de un episodio fundacional, cuando al verse en un espejo experimenta la identificación primordial, “la transformación producida en el sujeto cuando asume una imagen.” Pero este no se trata de un momento de júbilo. Al igual que con la lata flotando sobre las olas, el bebé experimenta la mirada radiante del mundo como una amenaza.


En la selva brasileña, la gente clava a las mariposas búho (Caligo eurilochus) sobre la puerta de su casa, para que los dos círculos en sus alas alejen al mal de ojo.


Prends garde: à jouer aux fantôme, on le devient.”- Epígrafo, “Psicastenia Legendaria,” Roger Caillois

En un texto al que Lacan hace referencia, Roger Caillois explica más allá de la entomología el camuflaje de algunos insectos. En el mimetismo y el camuflaje, Caillois ve algo más que un insecto intentando evitar ser devorado. Ve la disolución que a todos nos tienta. Al mimetizarse, el insecto busca asimilarse a su ambiente, reflejarlo y capturarlo dentro de su morfología, de tal manera que un depredador o una presa sea incapaz de detectarlo. Es el espacio como tentación, escribe Caillois, que es capaz de desarticular al sujeto. Si entendemos nuestra subjetividad de manera espacial, como un punto en el continuo espacial donde nos ubicamos, podemos entender esa tentación a asimilarse al espacio como una crisis de la subjetividad. Un dejar ser para ser espacio. Caillois argumenta que la esquizofrenia se experimenta como ser consumido por el espacio. “El espacio los rodea, los digiere en una enorme fagocitosis” (del griego phagein ‘comer’ y kytos ‘celula.’ Proceso molecular mediante el cual una célula rodea e introduce a su membrana a un material sólido, incorporándolo).


Ustedes comen ostras, sin duda, inocentemente, sin saber que a ese nivel en el reino animal, ya ha aparecido el ojo.


En el momento culminante, el sujeto se resquebraja, su pensamiento y su cuerpo se desprenden y el pensamiento pasa a ocupar el otro lado de su piel. Se observa a sí mismo desde el exterior. En algún momento de la película, Jeff Goldblum explica que la teletransportación diluye, desintegra, purga. Su personaje no se transforma en una mosca. Sucumbe a la tentación de dispersarse, de rendirse a la cúspide morfológica del mimetismo, que es la disolución. Caillois invierte la relación que Lacan plantea con la luz. “La oscuridad no es una ausencia de luz, está repleta, toca y envuelve al individuo, penetra en su interior. El ego es permeable a la oscuridad, pero no a la luz.” Sobre el lustre vítreo de un espejo (y de la obsidiana) nuestro reflejo se ve observado, envuelto en la mirada del mundo, invitándonos a dejarnos devorar y desaparecer.

SANGREE Is a Mexico City-based collaboration between René Godínez-Pozas (b. 1986, Mexico City) and Carlos Lara (b. 1985, Mexico City).


They started working collaboratively in 2009 on an homologue photography zine that meant to explore the most puzzling subjects on human history through images made by the artists. This visual investigation on many different subjects such as nature, technology, popular culture, the cosmos, history, etc progressively migrated to different media giving way to the creation of two ever-growing archives: a photography and a drawing one. Both archives are continuously being updated and are regarded as pools of ideas from which different projects may emerge.


The extensive range of subjects they have explored throughout a decade has led them to develop an interest in materiality and the use of different kinds of media which spans from traditional techniques, to craftful hand made processes, to large scale architectural installations.